126 aniversario del nacimiento de San Maximiliano

Hoy hace 126 años nacía en Zdunska Wola (Polonia) Raimundo – San Maximiliano Mª Kolbe, el loco de la Inmaculada. El mismo día era bautizado. Aquí publicamos más información con ocasión de su 125 nacimiento.

casa natal

(Casa natal de San Maximiliano en Zdunska Wola)

Pila

(Pila bautismal de la Iglesia de la Asunción de la Virgen en Zdunska Wola,
donde San Maximiliano recibió las aguas bautismales)

En esta oportunidad, os brindamos la traducción de una poesía dedicada a los sacerdotes, escrita por Fr. Alfonso (José) Kolbe, el hermano pequeño de San Maximiliano, también franciscano conventual y presbítero, quien fue su gran colaborador y redactor de El Caballero de la Inmaculada, hasta su repentino fallecimiento de apendicitis en 1930. El poema efleja claramente el celo sacerdotal abnegado que unió y estimuló a los hermanos Kolbe: ¡ad maiorem Dei gloriam, per Immaculatam!

 

Bienaventurados, los que en ofrenda
A sí mismos se han entregado al Señor de señores
Y a Él sinceramente quieren servir
Entre fracasos, desprecio y acoso
Así transformados por el impulso de la gracia:
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, los que sus fuerzas
Y sus trabajos, dificultades y sufrimientos
Disponen de tal modo que les aprovechan
Para gloria de Dios y la salvación de las almas
Salvando al prójimo, se salvarán
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, los que el amor propio
Y los respetos humanos han conseguido pisotear
Porque hallarán la libertad y un camino claro:
El alba dorada les brillará a lo lejos
Y seguirán, contemplando, dicha estrella:
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, aquellos cuyo trabajo fatigoso,
El más noble – se malogra...
Y ellos, en efecto, no terminan la guerra.
No les vencen oscuros pensamientos
Siempre obran, sin desalentarse:
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, cuando sus intenciones
- Limpias como el cristal, nobles como la lágrima
Son calumniadas por doquier, sin medida
Y sean consideradas deleznables, horribles
Si perseveran, siendo así juzgados
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, los que en sequía,
Sin el consuelo del rocío, son diligentes
De la tierra y del cielo les falta el aliento,
Pero ellos son inmutables
Trabajan ágiles, nada les cambiará:
¡Bienaventurados!

Bienaventurados, si su trabajo
No persigue siquiera ventajas eternas
Sino a Dios solo se dirige
Quien sus concupiscencias purificará
Se deleitarán saciados:
¡Bienaventurados!

Alfons Kolbe